Desde el pasado día 1 de septiembre, en Europa entró en vigor la prohibición de comercializar focos halógenos, que se suma a la medida tomada en 2012 cuando se hizo lo mismo con las lámparas incandescentes.

No queremos incidir mucho más en la noticia, que en los últimos 15 días ha tenido una amplia cobertura, incluso por la prensa generalista, pero no me resisto a comentar algunos de los detalles que ofrecían los diversos medios sobre la noticia.

Prohibición de tan solo las halógenas direccionales, dejando las no direccionales para el 2018.

¿Porque? La Comisión Europea argumentó en abril del 2015 la necesidad de esta moratoria “para garantizar una adaptación plena a tiempo”. Un poco ridículo, cuando ya hay lámparas no direccionales totalmente equivalentes en LED, con flujos y rendimientos mayores y actualmente, según ANFALUM las halógenas suponen tan solo el 10% de las ventas del mercado.

Bruselas estima en 6.800 puestos de trabajo que se perderán por la medida, en plantas de fabricación de halógenos en Europa.

Disculpen mi atrevimiento, pues hablo desde el total desconocimiento acerca de la veracidad de esta cifra, pero a priori me sorprende que, a estas alturas, en la Unión Europea haya casi 7.000 puestos de trabajo tan dependientes de los halógenos. ¿Aún quedaban fábricas de halógenos en Europa?

Imagino que, en mayor medida, corresponderán a puestos en empresas proveedoras de materiales muy específicos de esta tecnología, procesos de recubrimientos del vidrio, filamento y elementos que pierden su mercado con la anunciada agonía del halógeno, pues lo lógico es pensar que los grandes fabricantes (que dudo mantengan sus centros productivos en Europa), hace tiempo que destinasen sus recursos a líneas de producción de producto LED. 

La medida, que está enmarcada dentro del cumplimiento de los objetivos medioambientales y energéticos que la UE se ha marcado para el 2020, es un empujón político a la tecnología LED, aunque creemos que el propio mercado estaba arrinconando por lógica a los ineficaces halógenos y era solo cuestión de tiempo que su demanda cayese hasta no hacer rentable su producción.